Miramos de nuevo al pasado para recuperar un precioso artículo publicado en la Revista Cabildo del año 1986 y firmado por Javier Gálvez Salas:

No son pocos los baenenses que en su tiempo abandonaron el pueblo para encontrar más allá de Despeñaperros el fruto del trabajo que realizase sus ilusiones; marcharon sin camino y sin destino, marcharon y llevaron consigo un frasco de fértiles semillas de recuerdos gloriosos, y glorioso el sentimiento fiel e inseparable que guardaban en las entrañas del corazón y del alma para siempre “Baena y su Semana Santa”.

Llegada la víspera de la festividad de San José un año más confundirán inconscientemente el rechillar del tambor del pueblo con el tumulto indeseable de la industria, y rendidos en el sueño creerán oír las vibrantes evocaciones semanasanteras que rompe en llanto y emociones nuestro rostro.

Escucharán las saetas y entre el marco de un judío blanco y otro negro que van dejando en el tambor una sensación violenta y conmovedora la piel sangrienta de los callos y el sudor a vino, fiel compañero, verán como se acerca el nazareno desequilibrado y nervioso, el pueblo lo espera, lo clama, lo llora, lo sigue, lo quiere, lo siente…. y en el silencio del lloro, devoción que conmueve nuestro ánimo se escucha una voz, que más que una voz es sentimiento: ¡Viva el Nazareno!

El Nazareno, que nombre más grande en este pueblo y que grande también en aquellas almas emigrantes que marcharon de esta tierra; ahora, próxima la Semana Santa, noche tras noche soñarán, y en su mente peregrina no habrá otros recuerdos que aquellos que llevaran consigo: el miserere, las cajas, los Profetas, los Evangelistas, la Verónica, el Prendimiento, la Veracruz, la Soledad, el Sepulcro, la Magdalena, el Cristo de la Sangre, y muchos más, pero tan sólo dos les recuerdan sin cesar este pueblo: el tambor y el Nazareno.

Que sueño más grato, que sueño más bello, y si fuera verdad, sería su mejor sueño. Dormidos en un escalón despiertan y su mejor sueño, era verdad, secan cuatro lágrimas que empañan sus ojos y en la claridad de la mañana de sol muy tempranero, ven salir a nuestro Padre Jesús el Nazareno, valiente con coraje, desconsolado y deshecho, por la puerta de San Francisco, donde tantos le esperan, donde tantos tienden su confianza donde tantos le queremos……paseará a hombros de los Nazarenos la Cruz a cuestas, regando con su sangre las calles de nuestro llanto pasionero, y entre la multitud arrodillada en el fervor de este Viernes Santo, la bendición del Padre. ¡Cuánto nos duele la pena de este Nazareno!, que por seguro piensa más en quienes no puedan venir a verlo…..