Así se titula un artículo publicado este año en la Revista Cabildo firmado por Julio Garrido Ramos y que nos cuenta una anecdota que tuvo en uno de sus viajes a tierra santa:
En este año en que celebramos las XXI Jornadas de Exaltación del Tambor y el Bombo , no está de más el recordar aquellas primeras que nos adentraron de lleno ese mundo mágico del tambor.
Nosotros nos creíamos que éramos únicos tocando el tambor, que éramos el centro del universo en ese mundo del que teníamos conocimiento de otros seres que también lo tocaban, pero que nada tenían que ver con nosotros, aquí aislados en nuestra inmensa Andalucía y a muchos kilómetros de los tambores más cercanos.
Y las jornadas de Baena en el 1992 nos cambiaron a todos por completo de arriba abajo. Baena entera, lejos de encerrarse en si misma ante todo lo que su ojos estaban viendo y descubriendo, se abrió de par en par a todo y a todos cuantos venían de fuera, se volcó con todo tambor y tamborista, se empapó de todos y cada uno de los distintos toques de tambor, asimiló e hizo suyo el ritmo de los tambores y bombos, se sumergió en ese mar de vestimentas que no había visto nunca, y se maravillo de que la mujer pudiese tocar y sentir el tambor de esa manera.
En definitiva se identificó con el mundo del tambor y el bombo.
Ese descubrimiento no ha empequeñeció el concepto que tenía el baenense de su mundo, sino que lo agrandó al saberse inmerso en un mundo mucho más basto que el que él creía y que, además, sabe que tiene un lugar propio en él.
Baena entera vibró plenamente y no solo los que sentimos el tambor, sino también los que lo denostan o no lo aguantan.
Todos nos sentimos orgullos de nuestros orígenes, podemos presumir de una figura legendaria del judío que se remonta al siglo XVI cuando aún no tocaba el tambor y tenía careta.
Conocemos su paso cuando portaba lanzas y tambores y nos creemos en la cumbre con lo que tenemos y de donde venimos.
Si nos ponemos a estudiar y a conocer las historia de esos otros tambores y bombos, puede que nos ocurra los mismos que con las jornadas, que tengamos que volver a abrir nuestros horizontes en la larga historia del tambor y sentirnos hermanados también con el peso de su legendaria tradición, pues muchos de ellos sostienen que sus tambores y bombos eran cajas de guerras que anunciaban y presagiaban batallas, y que también participaban en ellas, cuando el moro avanzaba por aquellas tierras.
¿Quien puede sentirse más orgulloso, quien puede presumir de más ascendencia en su historia, quien pretende ser el primero…?
Tal vez esa pregunta se puede quedar sin respuesta. Y … tal vez esa sea su mayor grandeza. Y lo digo por lo siguiente. Una vez pasada la Semana Santa del año pasado tuve la dicha, como cristiano, de hacer un viaje-peregrinación a Tierra Santa donde más que ver ,se va sentir y a vivir.
En un par de días que eran más turismo que peregrinación, había una visita programada a la ciudad romana de Gerasa en Amán. Yo soy incapaz de poder describir su belleza. Hay que estar allí para poder contemplarla y a ser posible, sin las bullas de los tiempos programadas.
Pero en fin, siempre merece la pena. Bien, una vez visitado todo cuanto hay descubierto, porque queda aún mucho por sacar a la luz, y en esos minutos que te dan libres para que puedas comprar recuerdos y regalos, que también están programados, me encuentro con ese tambor de la fotografía.
No es ni antiguo, que podría haber merecido la pena el intentar comprarlo, sino que tiene pinta de viejo.¡Ah! pero tiene chillones. Rotos, pero los tiene, y de tripa. Con los aros pintados y con pellejos arriba y abajo.
Cuando ves eso, se te abren los ojos de par en par y te quedas de piedra, como las ruinas que acabas de visitar. Ni un segundo tardas en hacer una fotografía y piensas: “eso se lo tengo que contar a mi gente de Baena”. Después te acercas, lo tocas, lo miras, le das la vuelta, compruebas si de verdad es un tambor, casi deshecho. Y si que lo es. Y de pronto se te funden los cables porque descubres: ¡el tambor tiene la reventona!.
A más de cinco mil kilómetros de Baena, en otro mundo, en otra historia y en otra mente, te encuentras un tambor como el nuestro y encima con la reventona echada. A partir de aquí se puede pensar lo que se quiera: el judío con casco, con lanza, sin lanza, con careta, los bombos, la guerra, el desierto, los camellos…..el tambor, siempre el tambor.
Tal vez, lo más bello de todo, no es que ese tambor sea como el nuestro, sino que los nuestros son como el de Gerasa.














