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Hoy nos ha llegado una carta de una lectora, que no ha facilitado su identidad y que, sin ánimo de crear polémica, denuncia una situación, que en ocasiones viven también esas personas que, a su manera, participan en la semana santa: los hermanos de acera, visitantes, o gente que no procesiona, pero si que ve los diferentes desfiles procesionales.

Sin más reproducimos integramente el contenido de esta carta, e invitamos a participar al resto de lectores, siempre de una forma sana y respetuosa:

¿LA CALLE ES TUYA?

Esta reflexión es simplemente para que los usuarios y visitantes de esta web piensen sobre el tema. Está escrito desde el más profundo sentimiento de humildad y sin la intención de herir a nadie. Así que si alguna persona se ofende con mis palabras, le pido disculpas de antemano, pero creo que este es un problema que arrastra la Semana Santa de la ciudad de Baena y al que desde mi modesto punto de vista, habría que dar una pronta solución.

Desde mi más tierna infancia he asistido a Baena a disfrutar de una de las mejores Semanas Santas de España. Recuerdo que hace años se veía a gente ir y venir con sus sillas para colocarlas en sitios estratégicos y disfrutar de la procesión sin cansarse. Luego de terminar esta, volvía a ver ese desfile de ciudadanos, sillas bajo el brazo, de vuelta a sus casas y hasta la próxima procesión. Era gente respetuosa, que no hacia mal a nadie y que bueno, desde mi punto de vista era una actitud comprensible sobre todo para las personas mayores que aguantan menos de pie.

Ahora se ha puesto de “moda” acudir el miércoles santo bien por la mañana o por la noche y atar una hilera de sillas con cuerdas o alambres y hacer la “reserva” de abono para toda la Semana Santa. Vas caminando por las calles de Baena y raro es en la que no te encuentras a la Señora de turno colocando su chorro de sillas para familiares y amigos. Gente que ya no viene a coger sitio quince o veinte minutos antes de que comience el desfile, sino que por el contrario se plantan a última hora o incluso con la procesion comenzada, sabiendo de que ya tienen “su abono de silla”, perjudicando a los que llevamos allí rato y rato apoltronados en el único hueco en que medio nos podemos colocar.

Me gustaría contar una anécdota que me sucedió. No voy a decir la calle ni la hora para no señalar a nadie, puesto que esto es un asunto generalizado del que todos somos responsables.

Resultó que acudí a ver la procesión con mi familia. Llegamos veinte minutos antes de que comenzara la procesión y nos fuimos colocando como pudimos detrás de “las sillas del palco”, sillas que por cierto estaban vacias, pero bien atadas y colocaditas esperando a las “autoridades”. Al comenzar el desfile solo cuatro de las diez o doce que pertenecían a una Señora, Señora que las tenía bien controladas desde su casa en la acera de enfrente justo dos casas mas abajo, estaban ocupadas. Mientras la procesión iba abanzando se fueron llenando de familiares y amigos. Lo mas gracioso es que se lió a llegar mas familia, y primos, y vecinos de los primos y primos de los vecinos, que evidentemente ya no cabían. Como la señora tenía claro que ese trozo de calle era suyo, puesto que ella se había hecho con su abono dos días antes, les comenzó a prestar sillas plegables a los que llegaban. Estos últimos se colocaron detrás de los que ya estaban sentados, justo delante de mi familia y de mi. Sin preguntar, se metieron a empujones y nos dejaron literalmente encerrados sin poder movernos. En ese momento se me ocurrió decir; “Joé ni que la calle fuera suya!!”, a lo que un familiar, vecino o amigo de esa Señora me contestó con una mirada fulminante. Como tengo vergüenza me callé y nos aguantamos con la situación que se había creado viendo la procesión como podíamos. Entre las idas y venidas de gente se fue desarrollando la procesión. Nosotros nos habíamos colocado cerca de un escalón puesto que ibamos con una niña de pocos meses, que no quería estar más que en brazos, y de vez en cuando necesitamos sentarnos para descansar. Pero tal y como estábamos no nos podíamos ni rebullir. Cuando se puso a chispear mucha gente comenzó a abandonar los palcos y cuando paró pocos fueron los que volvieron. Así que la Señora desde la casa de enfrente nos cedió generosamente UNA SILLA de tres que tenía vacias para que nos sentaramos alguno. Por supuesto se lo tuvimos que agradecer como si nos fuera la vida en ello, y ella más ancha que larga con la buena obra que acababa de hacer. En fin son cosas que pasan.

Yo lo que me pregunto es de quién es la calle. Pienso que cualquiera que estuviera en esta situación podría haber apartado las sillas cuando llegó y colocarse en el sitio que estas ocupaban. Creo que el colocar una silla el miércoles no te da derecho a disfrutar de 7 o 10 metros de calle durante toda la Semana. Todos pagamos los mismos impuestos al Ayuntamiento ¿no?. ¿Para que queremos que venga gente de fuera a ver las procesiones, para que las mal vean?. Hay que ser un poco más respetuoso con los demás. La Agrupación de Cofradías o la Institución competente deberían de dar una solución a este problema, bien señalando un recorrido oficial y colocando sillas de abono como se hace en la gran mayoría de las ciudades. Así de paso pues recaudarían un buen dinerito que siempre viene bien, o simplemente prohibir este tipo de actitud que yo realmente no comprendo. O podríamos seguir con esta situación hasta que les empecemos a echar cara, apartemos la sillas y gritemos; ¿¿¡¡¡¡LA CALLE ES TUYA!!!!??

Una lectora de la web