Los días que anteceden a la primavera en la antigüedad eran considerados como días de purificación. A mismo tiempo, el fuego ha formado parte de rituales como elemento purificador.
Se pierde en la noche de los tiempos la tradición de los candelorios en Baena.
Se dice, que podrían estar relacionados con antiguas costumbres agrarias, con la celebración del invierno y la llegada de la primavera
El caso es que en la víspera de San José aquí, en Baena, se hacen candelorios. Grandes fogatas en las que se queman vigas, muebles y enseres viejos mezclados con ramones de nuestros olivos, restos de podas, etc.
De siempre ha habido cierta competencia, aunque antaño mucho más que ahora, entre los chavales de los barrios a ver que candelorio es el más grande o el que dura el último encendido.
Era costumbre del niñerio ir amontonando en algún solar en desuso del barrio de toda clase de madera esperando la noche señalada, incluso se hacía guardia no sea que la “competencia” asaltara el ansiado “tesoro” y se hiciera con parte del botín que sin duda desluciría el resultado de la fogata.
Más de una vez algunos insensatos tenían que huir tras el recibimiento a “pedradas” del que eran objeto. Son anécdotas de hace años, hoy en día al ser difícil para los crios el avituallamiento de madera, son muchas las empresas que les guardan paléts viejos o restos de maderas para quemarlas, también son muchos los vecinos que aprovechando el fuego se desprenden de cosas viejas.
Alrededor del fuego a parte del chiquillerio también los vecinos y vecinas formaban largas tertulias, eran horas de charla, de convidadas a dar un buche a la bota, y como antes no había discotecas también se aprovechaba para intentos de conquista y declaraciones, o sea para echarse novio o novia.
También era y es en la actualidad lugar de encuentro de los tamborileros que por tradición recorren todo el pueblo esa noche tocando el tambor, pero sin arrimarse mucho a la candela que puede saltar el pellejo de abajo con el calor…















